23 DE NOVIEMBRE DE 1248, LA CONQUISTA DE SEVILLA.

 

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Tal día como hoy, el 23 de noviembre de 1248, el rey Fernando III, que luego sería declarado Santo, conquisto la antigua ciudad de Isbilya. Las tropas de rey se aproximan a la ciudad por el margen derecho del río Guad-al-quivir y  tras más de 14 meses de asedio, y por fin haber asilado a Sevilla, tras romper el famoso Puente de Barcas que le unía a Triana y por ella al Alxaraf (actual Aljarafe) quienes la sustentaban, el rey castellano Fernando III entra victorioso en la ciudad de Sevilla, símbolo del poder musulmán, que hasta entonces ha permanecido bajo el gobierno del rey musulmán Ab-Xataf.

El emir árabe de la ciudad, Axataf, ofreció distintos acuerdos a Fernando III, que iban desde cederle el Alcázar y las rentas de la ciudad, a repartirse los terrenos de la ciudad entre musulmanes a cristianos. Sin embargo, el monarca cristiano rechazó todas las propuestas.  El 23 de noviembre se produjo la entrega de las llaves de la ciudad, que aún se conserva una copia en la Catedral, y se hizo marchar a los moros.

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Sevilla, entonces una ciudad amurallada, tenía más de 300 hectáreas, 7.400 metros de murallas, 12 puertas y 3 postigos. Una fortaleza que el rey cristiano y sus tropas lograron hacer suya. A  partir de ese momento, la especial relación entre Fernando III y la ciudad se intensificó. La anheló cuando aún no la poseía, y quiso pasar sus últimos años en ella cuando consiguió expulsar a los musulmanes. La memoria del Rey Santo sigue viva cada 30 de mayo, en el aniversario de su fallecimiento, y cada 23 de noviembre, cuando se recuerda la eterna Reconquista de Sevilla.

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¿Qué papel desempeñaban las mujeres en la Orden del Temple?

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Aunque la vía cotidiana de los templarios debía estar presidida por el silencio, la discreción y las oraciones, lo cierto es que en las encomiendas grandes había bullicio y mucha actividad entre los trabajadores que servían a los caballeros.

 Entre ellos había muchas mujeres que hacían las labores domésticas, sobre todo en las cocinas y lavando la ropa. Asimismo, en la península ibérica, las mujeres tenían unos derechos de propiedad más amplios que en el resto de Europa occidental, por lo cual estaban mejor situadas que otras europeas para fundar los conventos y disponer de su dinero.

Los valedores de la cruz no despreciaron a unas damas con tanto patrimonio en sus manos. El Temple, sobre todo en la Península, permitió que algunas mujeres vivieran en estancias separadas en los conventos y las fortalezas. En documentos del siglo XIII aparece una mujer asociada al Temple que vivía en la encomienda de Barbará (Tarragona). En Inglaterra, las mujeres casadas no tenían ningún control sobre sus propiedades, por lo que fueron rechazadas por la Orden.

Fuente: Revista muy interesante.

Fuente de imagen: franciscojaviertostado.com

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