FERNANDO III, EL SANTO QUE CONQUISTO SEVILLA.

Nació el 24 de junio de 1201 en Peleas de Arriba, en el camino de Salamanca a Zamora, y la Iglesia celebra su fiesta el 30 de mayo. Su madre era la infanta Berenguela, hija primogénita del rey Alfonso VIII de Castilla, y su padre Alfonso IX de León. Pero el papa Inocencio III había anulado el matrimonio debido a que no había recibido la dispensa del impedimento de consanguinidad.

Fernando III es, sin duda, uno de los más relevantes reyes hispanos, no sólo de la Edad Media, sino de toda la historia española. Durante su largo reinado y como consecuencia de su política, se produjeron una serie de importantes acontecimientos que marcarían el devenir de España durante siglos.

Desde mediados de la tercera década del siglo XIII y aprovechando la progresiva desintegración del estado almohade, acometió campañas de conquista contra las ciudades más importantes del Valle del Guadalquivir de A-Andalus.

Así, combinando la diplomacia y la guerra, logra entrar victorioso en Baeza (1227), Córdoba (1236), Jaén (1246), Sevilla (1248) y así sucesivamente con otras ciudades.

Estando en Jaén el rey y sus caballeros, se decidió el sitio de Sevilla, que se extendió entre otoño de 1246 y noviembre de 1248; es decir, dieciséis meses. Fue la mayor campaña de asedio de la Reconquista hasta entonces. Participaron en ella varios obispos con sus milicias: el arzobispo de Santiago y los obispos de Córdoba, Cuenca, Astorga, Coria y Jaén. El emir de Granada mandó unos cientos de guerreros. La media de los sitiadores acantonados osciló entre los 3.000 y los 4.000 caballeros y los 8.000 y los 10.000 infantes, más los auxiliares. Fue decisiva la intervención de la flota vasca y cántabra dirigida por el burgalés Ramón Bonifaz, que tomó el puente de Triana y forzó la rendición de los últimos resistentes.

Fernando III penetró en la ciudad el 22 de diciembre de 1248 y ya no la abandonó –salvo para un viaje a Córdoba hasta su muerte.

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El estado de salud del monarca se resintió de manera alarmante debido al enorme desgaste y esfuerzo que realizó en sus empresas militares. Sin embargo, aún tuvo fuerzas suficientes para preparar una nueva expedición, esta vez en territorio africano. Pero la muerte le sorprendió en plena preparación de la campaña, el 30 de mayo del año 1252. Fue sucedido por su hijo Alfonso.

En 1671 fue canonizado por el papa Clemente X, de ahí de que se le conozca como Fernando III el Santo o San Fernando.

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¿CUÁL ES EL ORIGEN DE LA PORTADA DE LA FERIA?

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Sus comienzos se remontan a su anterior ubicación en el Prado de San Sebastián donde se celebraba la feria hasta 1973, cuando se traslado a su lugar actual.

La primera portada de la feria no sería otra que la ya desaparecida la Puerta de San Fernando que se encontraba, al norte del Prado de San Sebastián a la entrada de la calle de su mismo nombre y que se engalanaba con luces desde 1859 hasta que llegó su derribo diez años después.

Con la desaparición de la puerta de San Fernando, se colocó justo en su lugar ya en 1896 la famosa Pasarela del Prado, que consistía en una pasarela peatonal, realizada en hierro que cruzaba la antigua la plaza de Don Juan de Austria, donde actualmente encontramos la fuente/ rotonda del Prado, en ella se colocaron posteriormente focos eléctricos, lo que podría ser un primitivo alumbrado de la portada pero que acabó siendo desmontada en 1921.

Posteriormente se colocaron pequeñas portadas  provisionales, hasta que en 1949 se decidió usar portadas de gran tamaño con un diseño único que conmemoran algún acto histórico, monumento o lugar de la ciudad, todo ello con una iluminación cada vez más espectacular (miles de bombillas) y que diera paso al inicio de la feria, con su alumbrado  el tradicional lunes del pescaito.

Fuente: ABC de Sevilla

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EL INCENDIO DE LA FERIA EN 1964

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En el año 1964, cuando la Feria ya contaba con más de un siglo de historia y aún se celebraba en el Prado de San Sebastián, sucede el primer caso trágico que se apoderó de la festividad en su primer día de celebración.

Era mediodía y las casetas rebosaban de personas que comían o bebían y que no se esperaban lo que el viento que se había levantado y un chispazo procedente de la caseta de los Lassos produciría en tan sólo unos minutos.

Las llamas se avivaron gracias a las lonas y la madera de las que se conformaban las casetas y todo se resumió en una gran marabunta de personas huyendo y 67 casetas destruidas y convertidas prácticamente en cenizas.

La desgracia pudo haber sido desmesurada pero aun así se llevó consigo a un anciano víctima mortal de las llamas de la caseta “La Cibeles” que no le dio tiempo a escapar y a un número de 25 heridos, muchos por quemaduras.

Lo curioso de este caso, es que a pesar de la tragedia, el carácter de los sevillanos se tradujo en que quisieron seguir con la semana que aún le quedaba a la Feria de Abril e hicieron competiciones para levantar las casetas y posteriormente cuando todo estaba repuesto, se hicieron alusiones al incendio de manera humorística. Un ejemplo de esta actitud positiva es la caseta de la Hermandad de la Estrella que colgó un cartel en su entrada que decía:

 

Hermandad de la Estrella

Por la mañana ardimos

Y por la noche resurgimos.

CASETA HERMANDAD E LA ESTRELLA

Fuente: ABC de Sevilla

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