LA MUERTE DEL MARQUÉS DE PICKMAN

 

Tal día como hoy, El 10 de octubre de 1904 el marqués consorte perdió la vida a manos de el coronel Vicente García de Paredes.

Cuentan las crónicas de la época que don Rafael de León y Primo de Rivera, convertido en Marqués consorte al casarse con la hija de Charles Pickman, llevaba una vida holgada y ostentosa en la Sevilla de principios del siglo XX. Se vio obligado a pedir un préstamo a un militar conocido para mantener su ociosa actividad. Sin embargo, un mal entendido acabó firmando la sentencia de muerte del Marqués de Pickman.

La historia se remonta a principios del siglo XIX. Charles Pickman Jones se establece en Sevilla para levantar en la ciudad su propia fábrica de cerámica, dada la prohibición de importar a España este tipo de producto. Se trataba de trasladar su sistema de producción inglés en tierras españolas.

Tras la desamortización de Mendizábal, Charles Pickman alquila el antiguo monasterio cartujo de Santa María de las Cuevas en Sevilla y la convierte en apenas una década, en una floreciente industria alfarera, símbolo de elegancia entre las clases señoriales.

Según relatan varios cronistas de la época, el militar se mofó del Marqués en público asegurando que se cobraría el préstamo con los favores sexuales de la Marquesa de Pickman. Estos hechos llegaron a oídos de don Rafael de León, que plantó cara al coronel y lo abofeteó en público en el teatro Cervantes de Sevilla. Esta afrenta no podía quedar impune para el militar, que lo retó a duelo de pistolas.

Los duelos, por entonces, ya estaban prohibidos por ley. Pero ocurrió. Sería a las cuatro de la tarde, en la Hacienda del Rosario, a una distancia de quince pasos. El Marqués erró el disparo, pero no el coronel García de Paredes. Allí mismo murió el marido de la Marquesa de Pickmanm, y dos días después miles de sevillanos se echaron a la calle para acompañar al difunto en su sepelio.

El tumulto se produjo cuando el Cardenal Spínola prohibió el entierro del Marqués de el cementerio católico, por morir en duelo, y que debía recibir sepultura en el cementerio de los «disidentes». Cuentan los periódicos de la época que los cerca de cuatro mil asistentes al entierro cogieron el féretro y llevaron hasta el pateón familiar. Aunque finalmente, las autoridades ordenaron devolver el cuerpo al cementerio civil.

Fuente: ABC de Sevilla

lajuderiadesevilla.com

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