LA ESPERANZA

La palabra Esperanza deriva del latín “sperare”, (tener esperanza), y está de “espes” (esperanza).

La Esperanza es una de las tres virtudes supremas junto a la fe y la caridad; No se debe confundir fe con esperanza, pues según la tradición cristiana, un acto de fe se relaciona con la inteligencia, mientras que en la esperanza actúa la voluntad.

Santa Esperanza, mártir cristiana era hija de Santa Sofía y fue martirizada junto a sus hermanas Fe y Caridad durante el gobierno del emperador Adriano, en Roma en el año 137.

Santa Esperanza, abad. El nombre de este abad responde a una virtud teologal “Spes o Esperanza”; siendo monje funda un monasterio en las cercanías de Nursia. Es considerado el Job cristiano por no pedir cuentas a Dios por su desgracia de estar ciego, milagrosamente recupera la vista y Dios le encomienda evangelizar en los pueblos vecinos.

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ESPERANZA

En la imagen se observa la iconografía de las 3 virtudes teologales, fe, esperanza y caridad.

23 DE NOVIEMBRE DE 1248, LA CONQUISTA DE SEVILLA.

 

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Tal día como hoy, el 23 de noviembre de 1248, el rey Fernando III, que luego sería declarado Santo, conquisto la antigua ciudad de Isbilya. Las tropas de rey se aproximan a la ciudad por el margen derecho del río Guad-al-quivir y  tras más de 14 meses de asedio, y por fin haber asilado a Sevilla, tras romper el famoso Puente de Barcas que le unía a Triana y por ella al Alxaraf (actual Aljarafe) quienes la sustentaban, el rey castellano Fernando III entra victorioso en la ciudad de Sevilla, símbolo del poder musulmán, que hasta entonces ha permanecido bajo el gobierno del rey musulmán Ab-Xataf.

El emir árabe de la ciudad, Axataf, ofreció distintos acuerdos a Fernando III, que iban desde cederle el Alcázar y las rentas de la ciudad, a repartirse los terrenos de la ciudad entre musulmanes a cristianos. Sin embargo, el monarca cristiano rechazó todas las propuestas.  El 23 de noviembre se produjo la entrega de las llaves de la ciudad, que aún se conserva una copia en la Catedral, y se hizo marchar a los moros.

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Sevilla, entonces una ciudad amurallada, tenía más de 300 hectáreas, 7.400 metros de murallas, 12 puertas y 3 postigos. Una fortaleza que el rey cristiano y sus tropas lograron hacer suya. A  partir de ese momento, la especial relación entre Fernando III y la ciudad se intensificó. La anheló cuando aún no la poseía, y quiso pasar sus últimos años en ella cuando consiguió expulsar a los musulmanes. La memoria del Rey Santo sigue viva cada 30 de mayo, en el aniversario de su fallecimiento, y cada 23 de noviembre, cuando se recuerda la eterna Reconquista de Sevilla.

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